THE AGREEMENT

 

 

An agreement with Mother Earth

A dream that I managed to put into practice recently, but it took me 16 years, was the first one I had with my father after he died.[1] In that dream I was having problems with my papers (I was a migrant). I was alive but in a rush, and suddenly he was crossing me in the opposite direction, looking beautiful, relaxed and wearing some beautiful embroidered white cotton indigenous clothes while riding easily a bicycle towards Chiapas, Mexico, where he was going to join his last girlfriend Celia.

So when the first historical encounter of “Political, artistic, sporting and cultural International Congress of Women who Fight” was called by the Zapatista Army of National Liberation in Chiapas, Mexico, (EZLN) in march 2018, where around 9000 women from all over the world engaged in the defence of women’s rights and the protection of mother earth, I trusted the dream and went[2] . In that context I felt more loved and safe than in 12 years living “safely” in the settlements of the Geneva Headquarters of the International Organizations. Reasons I will developed further on.

Once there, trying to choose from the hundreds of seminars proposed, I went to a workshop on feminist internet[3] bringing awareness on how internet has become a shopping mall, how we are giving to multinationals leaded by white privileged men, our information and how these companies extract wealth from our information. They exposed how instagram and Facebook do censorship and take political decisions, as well as promote individualistic narratives to exacerbate the celebrity culture and competition as the only way to have a life.

I also heard the Compañeras from Landless Movement in Brazil, breaking the silence of the situation of women in the agroindustry of the northeast of Brazil. Where most of the pineapples and tropical fruits exported in to the US and European markets, are leaving their drinking water full of chemicals, due to monoculture and the excessive use of pesticides. They explained how the women of this communities are facing premature illnesses on their own, the lack of health facilities and the poisoning of the land. If there is something to say about terror today we should listen to them.

I also listened to the collective Subversiones, an autonomous publishing house presenting the book “Nosotras”, a jewel at really affordable prices, where the testimonies of other women, their struggles and victories to recover their bodies, territories, memories and dignity gave us useful tools. https://subversiones.org 

While in the encounter, I proposed the 9th of March 2018 to the organizers of this event: the women from the EZLN to do an art demonstration and selling of the engraving I called The Ancestor my father Eugenio did. The authorities of the autonomous organization granted me permission and offered me a piece of cardboard and a public space to reprint and sell my engravings. I became part of the art market in 15 minutes in an autonomous community. I have been trying to find a commercial gallery for my work for 12 years in the modernity of Geneva and haven’t got there yet. I got told “your art is not contemporary” by a publicly funded art institution when I show them the drawing of the dream of my father in the bicycle, as if I was coming from another time. But in this encounter effortlessly I found my place and joined the grand majority of women of this planet, whose only heritage is the memory of the violence neocolonialism is using to dispossess them from earthly wealth and human rights leaving them only with the testimonies of how their grandfathers, men, fathers, son’s received the brutality of patriarchal capitalism in its hopefully last stages.

So yes, I am coming from another time, the time of the zone of non being. Where the lack of basic human rights leaves us exposed to a slow progress, full of obstacles called: injustice. But also full of sisters traveling towards transmodernity. The pluri-modernities in which we are all contemporary because we are. There I found the first enthusiastic collectors of the engravings of my father and had enough money to buy the art of the other local artist.

And where are we? In the dream, the daydream or the nightmare? when we come to Europe we are not contemporary enough because in the nightmare there is always a wall, a labyrinth for those who come from the dream of another world where there is an us. And the daydream I leave it to those who live in the nightmare and don’t even see the wall or the labyrinth. The Zapatista women and this encounter gave me all the hope I needed: I was in the dream and I wasn’t sleeping. They give us a place to sleep, organic food produced in their communities and a pedagogy that the whole planet needs urgently. Something I had never seen happening in Geneva. They gave us all of that but with one condition: to do an agreement with them to stay alive and fight without fear for our right to live.

[1]Cornejo, Marisa. 2013. I am. Inventaire des rêves. Geneva: Art&fiction. P. 41.

[2] I was invited by Natalia Arcos from Casa GIAP, an art residency based in San Cristóbal de la Casas, that she manages with her companion Alessandro Zagato to do research on the esthetics of political art and autonomy.

[3] dominemoslatechnologia.org.

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Un acuerdo con la Madre Tierra

Un sueño que logré poner en práctica recientemente, pero que me tomó 16 años, fue el primero que tuve con mi padre después de que murió.[42] En ese sueño yo estaba teniendo problemas con mis papeles (yo era una migrante). Estaba viva pero apurada, y derrepente él estaba cruzándome, llendo hacia la dirección opuesta, bello y relajado, vestido con hermosa ropa de algodón blanca bordada mientras pedaleaba una bicicleta hacia Chiapas, México, donde él se iba a encontrar con su novia Celia.

Entonces cuando el primer encuentro histórico “Político, artístico, deportivo y cultural, Congreso Internacional de las Mujeres que Luchan” fue convocado por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en Chiapas, México en marzo del 2018, donde alrededor de 9000 mujeres de todo el mundo se comprometieron a defender los derechos de las mujeres y a proteger a la madre tierra, confíe en mi sueño y fui a participar. [43].  En ese contexto me sentí más amada y segura que en 12 años de vivir en “seguridad” en los asentamientos de la Sede de Ginebra de las organizaciones internacionales. Razones que desarrollaré más adelante.

Una vez ahí, tratando de elegir entre los cientos de seminarios propuestos fui a un taller sobre internet feminista [dominemoslatechnologia.org.] creando conciencia sobre cómo internet se ha convertido en un  shopping mall, cómo le estamos dando a las multinacionales lideradas por hombres blancos privilegiados, nuestra información y cómo esas compañías extraen a su vez riquezas de nuestra información. Ellas expusieron cómo instagram y Facebook censuran y toman decisiones políticas, y a la vez promueven narraciones individualistas para exacerbar la cultura de las “celebridades” y la competencia como el único modo de vida.

También escuché a las Compañeras del Movimiento de los sin tierra de Brasil, rompiendo el silencio sobre la situación de las mujeres en la agroindustria del noreste del Brasil. Donde la mayoría de las piñas y frutas tropicales son exportadas a los mercados de Estados Unidos y de la Unión Europea, dejando el agua llena de productos químicos, debido a la monocultura y el excesivo uso de pesticidas. Ellas nos explicaron cómo las mujeres de esas comunidades se enfrentan solas entre ellas a enfermedades prematuras, a falta de instalaciones médicas y en tierras contaminadas para producir sus propios productos. Si es que hay algo que se pueda decir hoy sobre el terror deberíamos escucharlas a ellas.

También escuché al colectivo Subversiones,(https://subversiones.org) una casa editorial autónoma que presentó el libro “Nosotras”, una joya a precios super accesibles, donde se recogen los testimonios de otras mujeres, sus luchas y victorias para recuperar la gobernabilidad de sus propios cuerpos, territorios, memorias y dignidad, compartiendonos herramientas útiles.

Durante el encuentro, el 9 de marzo del 2018 le propuse a las organizadoras de este evento: las mujeres del EZLN de hacer una demostración de impresión de grabado y venta del grabado que nombré El Ancestro, que hizo mi padre Eugenio. Las autoridades del gobierno autónomo me dieron la autorización, me regalaron un pedazo de cartón y me ofrecieron un espacio para reimprimir y vender mis grabados. Me convertí en parte del mercado del arte en 15 minutos en una comunidad autónoma.  He estado intentando encontrar una galería comercial para mi trabajo durante 12 años en la modernidad de Ginebra y aún no lo he logrado. Me han dicho que mi arte no es “contemporáneo” por instituciones públicas, cuando les mostré el dibujo del sueño de mi padre en bicicleta, como si viniese de otro tiempo. Pero en este encuentro sin ningún esfuerzo encontré mi lugar y me uní a la mayoría de las mujeres de este planeta, cuya única herencia es la memoria de la violencia que el neocolonialismo ha usado para desposeerlas de las riquezas de la tierra y sus derechos, dejándolas solo con sus testimonios de cómo sus abuelos, padres, hijos, recibieron la brutalidad del patriarcado capitalista en sus ojalá últimas etapas.

Así que sí, yo vengo de otro tiempo, el tiempo de la zona del no ser. Donde la falta de derechos humanos nos deja expuestos a un desarrollo lento, lleno de obstáculos llamados “injusticia”. Pero también lleno de hermanas y hermanos viajando hacia la transmodernidad. Las pluri-modernidades en las cuales todos somos contemporáneos porque existimos. Ahí encontré las primeras coleccionistas entusiastas de los grabados de mi padre, y tuve suficiente dinero para comprar arte hecho por otras artistas locales.

También el último día encontré un árbol de sueños, una especie de altar hecho por mujeres donde habían dejado sueños escritos y dibujados en una especie de instalación en forma de vagina y útero unida a un árbol. Fue ahí donde Bianca, una zapatista alemana, me  explicó los conceptos zapatistas del sueño, el ensueño y la pesadilla, y de cómo nuestro corazón atrae nuestros sueños.

Y dónde estamos? En el sueño, el ensueño o la pesadilla? Cuando venimos a Europa  no somos suficientemente contemporáneas porque en la pesadilla siempre hay un muro, un laberinto para aquellos que vienen del sueño de otro mundo donde hay un nosotros. Y el ensueño se lo dejo a aquellos que viven en la pesadilla pero que ni siquiera logran ver el muro o el laberinto. Las mujeres Zapatistas y su encuentro me dieron toda la esperanza que necesitaba: estaba en el sueño y no estaba dormida. Nos dieron un lugar donde dormir, comida orgánica producida en sus comunidades, a más de cuatro horas de un supermercado y una pedagogía que todo el planeta necesita urgentemente. Algo que nunca he visto que suceda en Ginebra, a esa escala. Nos dieron todo eso pero con una sola condición: de hacer un acuerdo con ellas de mantenernos vivas y luchar sin miedo por nuestro derecho a vivir.

Special thanks to Marcela San Pedro, Maya Kasterine, Katya Kasterine, Mariana Rodriguez, Amanda Schmeltz, Itala Schmeltz, Natalia Arcos, Mayan Garzon, Karin Brunett, Karina Pampo, Val Zapy, Charlotte Saenz, Giulia Cilla, Stephanie Prizreni, Beatriz Canfield, Hayin-Ray Antileo, Nora Gatica, Lorena Carrillo, Blanca del Razo, Bianca Kludt y Claudia Cortès